Qué duro enfrentarse al papel en blanco. Regresamos al punto 0. Escribir, en concreto, bloggear. Después de haber usado mi mejor retórica en el primer post de éste, mi querido blog, me veo obligado moralmente a explicar los motivos que me han llevado a publicar mis devaneos irrelevantes para el resto de los mortales.

Empecemos por el principio. ¿Por qué lucidez? Pues en este caso, y no quiero aparentar ser un cinéfilo empedernido puesto que no lo soy, de la maravillosa y desgarradora película Lugares Comunes. El filme está basado en el concepto de lucidez, aunque se imponga al pragmatismo, la lógica e incluso la supervivencia.

Y de eso se trata, queridos lectores -y volvemos al egocentrismo-, me hallo en circunstancias similares. No creo en nada o casi nada, desde las malditas empresas y su montón de mentiras hasta llegar a la sagrada institución de la familia, pasando por la política y sus acólitos, rematando en el mismísimo amor, motor de la humanidad y de su inevitable naturaleza mamífera.

Pocas cosas me mantienen vivo, el sentido del humor, el sublime y enérgico sexo opuesto y tal vez no haber perdido el gusto por la buena comida y los simples placeres.

Espero queridos lectores, que os hayáis hecho cargo, por lo menos a través de ese órgano llamado intuición, de la encrucijada en la que me hallo. Poco a poco iré desgranando las claves, los detalles, motivos y circunstancias.